martes, 24 de marzo de 2026

Yo, mujer.

 

Mujeres a gatas, mujeres en cuatro, mujeres abriendo las piernas en un perfecto compás para dotar a este mundo/paraíso de humedad.

Mujeres que lloran mientras cogen y las lágrimas son de lujuria, de lascivia, de “me rindo, tú ganas, papito, no pares”.

Mujeres que se derriten con un cálido siseo en las orejas, con un “hummmm” largo de satisfacción.

Mujeres que ronronean esperando la siguiente posición, la pierna al aire, la cara el viento, el brazo torcido y el cuello perdiendo aire.

Mujeres que en tacones, todo lo corren y se corren.

Mujeres a las que el cabello les estorba para acariciar con la boca, para pedir más y arquearse despacio, abriendo un hueco sobre la cama por donde se cuelan las promesas y los jadeos.

Mujeres que sin ropa son tan puras, que con el negro encaje se desmadejan en la penumbra de una habitación llena de peces, pescando en sus redes el deseo del otro.

Mujeres que se rinden a su ritmo, a su piel y sus ganas de ser la mismísima partícula divina que parte a la vida y a la muerte por el centro feroz de su sistema.

Mujeres y yo, mujer, que se posan silenciosas en tus pensamientos, revolviendo los cajones de tu mente.

Mujer que te observa, felina, siguiendo tu rastro con su nariz.